El arco sobre el Tea
El gran arco apuntado, de sillería, se refleja en el agua verde, rodeado de vegetación.
Viñedos romanos, un pazo, un puente y una leyenda de Cenicienta
Pazo del siglo XVI convertido en bodega de albariño, con una quinta cercada por un muro de 1.600 m, y puente medieval de origen romano sobre el Tea, de 70 m.
En el Condado, junto al río Tea, la Fillaboa reúne tres cosas: un pazo con viñedos, un puente de piedra y una leyenda.
Según Wikipedia en gallego, el pazo da Fillaboa es una casa señorial en la Quinta da Fillaboa, en las parroquias de Arantei y Cabreira. Su origen data del siglo XVI, aunque sufrió importantes reformas en el XVIII que le dan el aspecto actual. Los romanos introdujeron la cultura del vino en la comarca y la quinta siempre tuvo vides. Hoy es una bodega de producción vitivinícola, y la quinta es la parcela mayor del catastro de la provincia. Está cerrada por un muro de piedra de 1.600 metros.
De la construcción primitiva del siglo XVI se conservan los muros de piedra, la escalinata, las balaustradas, la capilla, el gran hórreo y el palomar. Tiene planta en L y torre sencilla de planta cuadrada, con almenas y un escudo con las armas de los Sarmiento y los Soutomaior.
Según Wikipedia en gallego, es un puente bajomedieval de origen romano sobre el río Tea, entre las parroquias de San Lourenzo de Salvaterra y San Miguel de Cabreira, en el antiguo camino que unía Ribadavia con Tui. Es la más cercana a la desembocadura de las cuatro pontes centenarias del Tea, junto a las de Cernadela, Remedios y Partidas. Su nombre se debe a una gran isla del Miño que está dos kilómetros más abajo.
Tiene 70 metros de longitud y cuatro luces de distinto tipo y tamaño, tres de ellas sobre el cauce del río; el arco central, de medio punto con un ligero apuntamiento, alcanza unos 11 metros de altura. La calzada, de 4,5 metros de ancho, conserva el suelo de losas de granito altomedieval. Según la misma fuente, sirvió con las pontes das Partidas y dos Remedios de paso para la Vía XX que unía Asturica Augusta con Bracara Augusta, y la actual es del siglo XV.
El gran arco apuntado, de sillería, se refleja en el agua verde, rodeado de vegetación.
Según Wikipedia en gallego, una leyenda local, muy parecida al cuento de la Cenicienta, cuenta que el conde de Salvaterra tenía tres hijas; las mayores despreciaban a la pequeña, llena de virtudes, que les causaba envidia, y que acabó heredando las «terras fartas da Fillaboa», origen del topónimo.
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