Hay personas que caminan para apoyar a un familiar. Otras lo hacen para recordar a alguien que ya no está. Algunas porque han conseguido superar la enfermedad y quieren demostrar que se puede seguir adelante. Y otras simplemente porque saben que, tarde o temprano, el cáncer acaba tocando de cerca a prácticamente todas las familias.
Este domingo, todas esas historias caminaron juntas por Pontevedra.
La ciudad celebró la octava Marcha Contra el Cáncer organizada por la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) y lo hizo batiendo su récord de participación. Un total de 2.916 personas se sumaron a la iniciativa, superando las alrededor de 2.700 que participaron en la edición anterior.
Familias, grupos de amigos, personas mayores, niños, corredores, participantes a pie e incluso mascotas llenaron la plaza de España desde primera hora de la mañana antes de comenzar un recorrido que convirtió las calles de Pontevedra en una enorme muestra de solidaridad.
Mucho más que una carrera
La iniciativa tiene un objetivo deportivo, pero la carrera es casi lo de menos.
La marcha busca promover hábitos de vida saludables, sensibilizar sobre el cáncer y recaudar fondos destinados a la investigación y al apoyo de las personas afectadas.
Antes de la salida hubo música, calentamiento y actividades para todos los públicos. Después llegó el momento de caminar o correr juntos.
Pero entre los miles de participantes también había historias personales que explican por qué este tipo de iniciativas siguen siendo necesarias.
«El cáncer no solo se combate en los hospitales y los laboratorios»
La presidenta provincial de la AECC, Ana García, fue una de las encargadas de abrir la jornada.
Su mensaje fue precisamente que la lucha contra el cáncer va mucho más allá de los tratamientos médicos.
«El cáncer no solo se combate en los hospitales y los laboratorios», recordó.
La investigación resulta fundamental para conseguir diagnósticos más precoces, tratamientos más eficaces y mayores tasas de supervivencia, pero también lo es el acompañamiento a quienes reciben un diagnóstico y a sus familias.
Por eso, desde la asociación se quiso trasladar un mensaje especialmente importante: nadie debería afrontar el cáncer en soledad.
La historia de Miguel: perder a su mujer y quedarse para ayudar a otros
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con el testimonio de Miguel Vázquez, voluntario de la AECC.
Hace unos meses perdió a su mujer a causa de un cáncer.
Cuando recibió el diagnóstico, recuerda aquella sensación como si «un tren nos arrollara»: miedo, angustia, dolor y millones de preguntas.
En medio de aquella situación llegó a la sede de la asociación y pasó dos horas hablando y llorando.
Ahora, después de haber vivido la enfermedad desde dentro, Miguel se ha convertido en voluntario y dedica parte de su tiempo a acompañar a otras personas que atraviesan situaciones similares.
Su experiencia resume una de las funciones menos visibles, pero también más importantes, de asociaciones como la AECC: estar ahí cuando una persona necesita hablar con alguien que realmente entiende por lo que está pasando.
«Cuando tengáis momentos de debilidad, de dudas o de cansancio, recordad a los cientos de personas a las que ayudáis cada día», fue uno de sus mensajes durante la jornada.
Caminar también para recordar a quienes ya no están
Entre los participantes había también familias que acudían con un recuerdo muy especial.
Una familia de Vigo participa en la marcha desde su primera edición. Lo hacía por su abuela. Este año regresaron, pero con una diferencia dolorosa: ella ya no estaba.
Su fotografía acompañó a la familia durante el recorrido.
En otras partes de la marcha también estaban personas que han superado la enfermedad y que ahora pueden contar su historia desde el otro lado.
Como María de los Ángeles Montoya, que superó un sarcoma de Ewing y ha pasado también por una intervención de mama.
Para quienes han vivido un cáncer, participar en una marcha como esta tiene un significado diferente. No se trata solamente de apoyar una causa, sino también de celebrar que siguen aquí.
«Las cosas no se consiguen de forma individual»
María José Fernández acudió con un grupo de amigas y resumió otra de las razones por las que miles de personas decidieron levantarse temprano este domingo para participar.
La visibilidad y la concienciación son importantes, pero también lo es conseguir que se destinen más fondos y recursos a combatir una enfermedad que puede afectar a cualquier persona.
«Las cosas no se consiguen de forma individual, sino de manera colectiva», explicó.
Y quizá esa sea la imagen que mejor define la jornada.
Casi 3.000 personas haciendo algo tan sencillo como caminar juntas.
Una ciudad unida por una causa
La jornada contó también con la participación de representantes de las administraciones, entre ellos el alcalde de Pontevedra, Miguel Anxo Fernández Lores, y la conselleira de Vivenda e Planificación de Infraestruturas, María Martínez Allegue.
Lores recordó que el cáncer debe ser una prioridad para la sanidad pública y destacó la necesidad de seguir contando con asociaciones como la AECC.
Martínez Allegue incidió igualmente en la importancia de la unión y recordó que se trata de una enfermedad que, de una forma directa o indirecta, termina afectando a todos.
Tras la marcha hubo actividades para todas las edades, con una zona infantil, divulgación científica, propuestas para mascotas y una exhibición de zumba.
También se entregaron reconocimientos simbólicos al grupo más numeroso, al participante de menor edad y al más veterano.
Pero el verdadero récord estaba en otro sitio.
2.916 personas salieron este domingo a caminar por quienes luchan, por quienes han ganado la batalla, por quienes todavía la están librando y por quienes ya no pueden hacerlo.
Porque frente a una enfermedad que tantas veces hace que una persona se sienta sola, Pontevedra respondió caminando junta.