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Rías Baixas · Patrimonio

Oficios tradicionales de las Rías Baixas que están desapareciendo

Carpinteros de ribera, redeiras, mariscadoras, conserveras y artesanos rurales comparten un reto: que sus conocimientos pasen a la siguiente generación.

Dos redeiras reparan una gran red de pesca sentadas bajo una sombrilla en el puerto de Portosín
Foto: Luis Miguel Bugallo Sánchez · CC BY-SA 3.0 · Wikimedia Commons

Hay trabajos que desaparecen sin hacer ruido. No cierra una fábrica de un día para otro ni hay grandes titulares: un taller deja de abrir, alguien se jubila sin encontrar a quién transmitir lo que sabe, o una técnica que antes se aprendía de niño deja de practicarse.

En las Rías Baixas, donde el mar y la vida rural han marcado durante generaciones la economía de muchas localidades, varios oficios tradicionales tienen dificultades para asegurar su continuidad. No todos están a punto de desaparecer ni han evolucionado igual: algunos mantienen profesionales en activo y otros sobreviven en pequeños talleres o proyectos de recuperación. Pero comparten un desafío: que el conocimiento pase de una generación a la siguiente.

1. Los carpinteros de ribera: construir barcos con las manos

Durante generaciones, los astilleros tradicionales formaron parte del paisaje de las villas marineras gallegas. En ellos se construían y reparaban embarcaciones de madera para la pesca de bajura. El carpintero de ribera debe conocer cómo se comporta la madera, interpretar las formas del casco y dominar técnicas que se perfeccionan con los años.

El Museo do Mar de Galicia, en Vigo, dedicó en 2018 la exposición «La carpintería de ribera. La frágil belleza de un oficio» junto al Museo Massó de Bueu. Su texto atribuye el declive al retroceso de la pesca artesanal, a las nuevas técnicas de construcción naval y a la falta de protección, y recoge que más del 60 % de los talleres desapareció en la última década. Es una cifra de 2018, así que conviene leerla con esa fecha, pero apunta a la magnitud del problema. El museo recuerda también que Galicia puede considerarse hoy la reserva de la carpintería de ribera en Europa.

Conservar este oficio no es solo mantener barcos antiguos: importa mantener el saber para construirlos, repararlos y entender cómo se diseñaban.

2. Las redeiras: el trabajo invisible detrás de cada red

Antes de que una red llegue al mar, alguien tiene que confeccionarla, repararla y comprobar que aguanta la faena. Es el trabajo de las redeiras, que exige habilidad manual, paciencia y un conocimiento preciso de los aparejos. Reparar no es solo coser: hay que identificar roturas, recomponer los paños y saber cómo debe quedar cada parte para que el aparejo funcione.

Siguen trabajando en Galicia, también en comunidades de las Rías Baixas, y las administraciones reconocen su papel. En noviembre de 2025, la directora xeral de Desenvolvemento Pesqueiro, Ángeles V. Suárez, afirmó en el Encontro de Redeiras que «sin el trabajo de las redeiras no hay pesca segura ni eficiente» y subrayó la necesidad de asegurar el relevo generacional y de crear condiciones para que se incorporen nuevas profesionales.

Preservar el oficio pasa por reconocer su lugar en la cadena pesquera y por facilitar que se aprenda y se ejerza en condiciones dignas.

3. Las mariscadoras: un conocimiento que depende de las mareas

El marisqueo a pie forma parte de la identidad económica y social de numerosas localidades de las Rías Baixas. Exige conocer el terreno, interpretar las mareas, identificar las especies y respetar los períodos y normas de la actividad. Gran parte de ese saber se transmite con la experiencia: dónde trabajar, cómo leer el banco marisquero o cuándo parar.

Es un oficio vivo, en el que según la administración pesquera trabajan en Galicia más de 3.300 personas, en su mayoría mujeres. Pero afronta presión sobre los recursos, problemas ambientales e incertidumbre económica, y la Diputación de Pontevedra señala la sustitución generacional entre sus problemas al promover rutas de divulgación sobre el marisqueo. Su futuro depende de que haya recursos, condiciones de trabajo viables y oportunidades para transmitir lo aprendido.

4. Las conserveras y las trabajadoras de la transformación del pescado

La historia industrial de las Rías Baixas está muy ligada a la conserva de pescado. Las fábricas transformaron la economía de muchas localidades costeras y dieron trabajo a generaciones de mujeres: seleccionar, limpiar y cocinar el pescado, colocarlo en los envases y participar en la conservación.

La industria conservera no ha desaparecido de Galicia; lo que se pierde son determinadas formas tradicionales de trabajar y de transmitir conocimientos. La mecanización ha cambiado muchas tareas y el cierre de instalaciones históricas puede borrar parte de la memoria laboral de estas comunidades. Recoger testimonios, fotografías y documentos de antiguas trabajadoras permite reconstruir una historia que no siempre aparece en los relatos sobre barcos o empresarios.

5. Los oficios artesanales ligados a la vida rural

Más allá de la costa, las Rías Baixas conservan la memoria de oficios nacidos de la vida diaria: hacer cestos, fabricar herramientas, reparar aperos o trabajar la piedra. El cesteiro debía saber qué fibras usar, cuándo recogerlas y cómo convertirlas en recipientes resistentes; otros artesanos cortaban y ajustaban la piedra para levantar muros y viviendas.

La industrialización y los productos más baratos redujeron la demanda de algunos de estos trabajos. Hay quien ha encontrado nuevas salidas en la decoración, la restauración o las piezas contemporáneas, y existen iniciativas para formar aprendices. No es una desaparición total: el reto es que estos saberes sean además una actividad sostenible, no solo patrimonio.

¿Por qué se pierden los oficios tradicionales?

No hay una única causa: es la suma de cambios durante décadas.

Falta de relevo generacional. Si alguien se jubila sin aprendices, pueden perderse técnicas que no están documentadas.

Transformación tecnológica. La maquinaria y los materiales industriales sustituyen tareas manuales y reducen la demanda de productos artesanales.

Dificultades económicas. Un oficio puede conservar su valor cultural y aun así ser difícil de mantener como medio de vida.

Cambios en el territorio. La transformación de la economía rural y pesquera reduce la demanda de ciertos trabajos.

Pérdida de reconocimiento. Los saberes se relegan cuando no se valoran su utilidad, su calidad y su aportación cultural.

Conservar no es obligar a que todo siga como antes: también es encontrar nuevas aplicaciones, facilitar la formación y dejar que los oficios evolucionen sin perder lo que los hace singulares.

Conservar un oficio es conservar una forma de entender el territorio

Las Rías Baixas no se explican solo por sus paisajes, sus playas o sus pueblos: también están hechas de las manos que construyeron embarcaciones, repararon redes, trabajaron en las conserveras y convirtieron los recursos del entorno en objetos útiles. Cuando desaparece un oficio se pierde algo más que una actividad: vocabulario, herramientas, técnicas e historias familiares.

Escuchar a quienes todavía ejercen estos trabajos es una forma de conservar el patrimonio. Quizá el primer paso para que no se queden en recuerdo sea reconocer a quienes los mantienen vivos.

Fuentes: Museo do Mar de Galicia (exposición de 2018), Xunta de Galicia (noviembre de 2025), Diputación de Pontevedra y la Administración pesquera. Reportaje de contexto, sin fecha de noticia.

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